El 90% de las personas encuestadas por Ipsos para Amazon afirma comparar precios antes de comprar. Mi primera conclusión para una tienda online sería hacer más fácil la comparación: que se entienda qué se compra, cuánto cuesta al final y qué diferencia una oferta de otra.
Qué dice el estudio y qué no demuestra
El estudio se presentó el 20 de octubre de 2026. Ipsos Digital encuestó a 3.000 personas en septiembre para Amazon, dentro de su iniciativa sobre ahorro. RTVE recoge también ese hábito de comparación.
Conviene conservar el apellido del dato: es una encuesta encargada por Amazon, no una medición de ventas de todas las tiendas españolas. No demuestra que una modificación concreta aumente la conversión ni permite trasladar el porcentaje a compradores B2B. La fotografía de portada corresponde a la presentación del estudio.
Qué significa para una empresa
Cuando alguien abre varias pestañas para comparar, una ficha ambigua le obliga a completar el trabajo fuera de tu tienda. ¿Es el mismo tamaño? ¿La misma versión? ¿Incluye los accesorios? ¿El envío cambia el total? La dificultad no siempre está en el precio: puede estar en entender la oferta.
Yo evitaría que la respuesta automática al estudio fuera rebajar el catálogo. Antes preguntaría si el comprador dispone de información suficiente para explicar por qué elegiría un producto aquí. Si la única diferencia visible es una cifra, la tienda deja poco espacio para valorar cualquier otra cosa.
Eso no significa adornar el precio con promesas. Significa poner a su lado las diferencias comprobables: contenido del paquete, especificaciones, condiciones de entrega y servicio incluido. Cuando un dato depende del destino o de una variante, hay que explicar cuándo podrá conocerse.
Comparar productos que parecen iguales
Supongamos dos ofertas hipotéticas de una cafetera. Una incluye un accesorio y la otra no; una versión tiene un depósito distinto y ambas utilizan una fotografía casi idéntica. Si esas diferencias quedan enterradas en un PDF, el comprador puede interpretar que solo cambia el precio.
La revisión debería empezar por la identidad del producto: modelo, variante, unidades y elementos incluidos. Después, las especificaciones que realmente cambian la decisión. No hace falta mostrar una tabla de veinte filas si tres resuelven la duda principal.
También comprobaría que el nombre y la variante elegida coinciden entre ficha, cesta y confirmación. Si la información pierde precisión al avanzar, la persona vuelve atrás o tiene que preguntar. La prueba útil consiste en seguir una compra concreta, no en revisar una captura aislada de la ficha.
El total necesita un sitio comprensible
Mostrar el precio del producto y explicar los costes que puedan añadirse forman parte de la misma decisión. Desde UX, yo procuraría que el visitante encontrara las condiciones de envío antes de sentirse comprometido con la compra. Si el importe depende del código postal, el cálculo debería pedirlo en un momento comprensible.
- Comprobar qué incluye la cifra visible y cómo se expresa.
- Explicar las condiciones que cambian el coste de entrega.
- Mostrar la diferencia entre variantes antes de añadir a la cesta.
- Evitar que una promoción parezca aplicable a productos que quedan fuera.
Son criterios de revisión del recorrido. Cualquier obligación legal aplicable necesita un contraste específico; este análisis del estudio no sustituye esa comprobación.
Que la diferencia se pueda comprobar
Si compites por asesoramiento, disponibilidad o servicio, conviene dar al comprador una manera concreta de entenderlo. Un horario real de atención explica más que una frase genérica sobre cercanía. Una descripción del contenido de la entrega ayuda más que afirmar que ofreces la mejor experiencia.
Y cuando un producto deja de estar disponible, conservar una explicación y alternativas pertinentes puede ser más útil que borrar toda la información. Ese problema tiene su propio tratamiento en qué hacer con la ficha de un producto descatalogado.
Qué hacer ahora
Selecciona tres productos relevantes y compara sus fichas con ofertas equivalentes. Anota las preguntas que no puedes responder sin abrir otra página o contactar. Después pide a alguien ajeno al catálogo que explique las diferencias con sus palabras.
Empieza por corregir una incertidumbre verificable y observa el recorrido: dudas recibidas, selección de variante y avance hacia la compra. Si quieres atribuir una mejora a ese cambio, necesitarás un diseño de medición adecuado y considerar otros factores. Mi criterio aquí es modesto: una tienda debería ayudar a comparar su oferta sin obligar al comprador a descifrarla.
